Cuando dos personas se casan con un patrimonio elevado o con expectativas de crecimiento patrimonial (empresas, inversiones o bienes inmobiliarios), el riesgo de sufrir disputas complejas en caso de divorcio se multiplica. La prevención es posible y, bien gestionada, puede marcar la diferencia en caso de divorcio.
En el ámbito del País Vasco, por las particularidades del Derecho Civil Vasco es recomendable una planificación cuidadosa. A fin de reducir al mínimo los riesgos, se pueden adoptar estrategias anticipadas.
Elegir el régimen económico matrimonial o pactar un régimen particular
Una de las decisiones más importantes para prevenir conflictos es determinar desde el inicio el régimen de bienes más adecuado. En Euskadi, con la Ley 5/2015 de Derecho Civil Vasco, hay varias opciones y particularidades que conviene conocer.
Según el artículo principal de la Ley 5/2015, los cónyuges pueden pactar el régimen de bienes antes o después del matrimonio mediante capitulaciones matrimoniales. En ausencia de pacto, se aplica el régimen legal supletorio. Ese régimen legal supletorio, en Euskadi, incorpora elementos del Derecho Civil Vasco y del Código Civil estatal supletorio.
En las provincias de Bizkaia y Álava, existe la figura de la comunicación foral de bienes, conforme al artículo 129 de la Ley 5/2015, mediante la cual se establece que todos los bienes, independientemente de su origen, se “comunican” al disolverse el matrimonio. Este régimen tiene ventajas para parejas que quieran compartir riesgos y beneficios, aunque puede generar conflictos si no se valora bien su impacto patrimonial.
Otra opción para los cónyuges es la separación de bienes, de modo que cada cual mantiene su patrimonio exclusivo, salvo lo que adquieran de forma conjunta. En el caso de divorcio, no hay (o hay muy poco) que “liquidar”, lo que reduce los conflictos patrimoniales.
Una planificación adecuada implica evaluar si ese régimen es compatible con las expectativas, con negocios familiares o con inversiones conjuntas. Las ventajas de pactar el régimen adecuado:
- Claridad desde el inicio sobre quién tiene qué bien y en qué condiciones.
- Reducción de incertidumbres y disputas en el momento de la disolución.
- Menor coste y riesgo judicial si luego hay divorcio.
- Protección frente a deudas que alguna de las partes pudiera generar.
Por tanto, una de las estrategias más efectivas para prevenir conflictos patrimoniales en el divorcio es elegir y documentar bien el régimen económico matrimonial desde el principio.
Evita conflictos patrimoniales en caso de divorcio.
Planificación patrimonial proactiva
Más allá del régimen de bienes, hay un conjunto de mecanismos que pueden fortalecer la posición de cada cónyuge y minimizar fricciones futuras. Por ejemplo, si se llevan a cabo operaciones patrimoniales durante el matrimonio, conviene documentarlas con contratos privados o con respaldo notarial. Esto permite rastrear aportaciones, porcentajes, compensaciones o derechos sobre los bienes adquiridos.
Mantener cuentas separadas (cuando el régimen lo permita) o llevar libros de aportaciones comunes ayuda a evitar que más adelante una parte cuestione que ciertos activos son “comunes”. Registrar quién pagó qué parte de un bien (por ejemplo, la vivienda) mediante justificantes documentales es una vía de prevención.
Si cambian las circunstancias económicas (una herencia o una inversión importante) es aconsejable revisar si el régimen elegido sigue siendo el más adecuado. También se recomienda modificar las capitulaciones matrimoniales ante notaría en caso necesario. Recuerda que cambiar el régimen, puede tener implicaciones como requerir la liquidación del régimen antiguo antes de adoptar el nuevo.
Redacción de cláusulas expresas, acuerdos prematrimoniales y cláusulas de renuncia
Incluso cuando se elige un régimen patrimonial, pueden añadirse cláusulas específicas para cubrir escenarios de conflicto futuro. En las capitulaciones matrimoniales se puede prever (dentro de los límites legales) una cláusula de renuncia a compensaciones futuras, o limitaciones sobre determinadas acciones, como compraventas, etc. Pero hay que tener cuidado: no todo lo que se pacte es válido. El orden público, la buena fe, el interés de terceros y las reglas imperativas pueden invalidar cláusulas abusivas. Por ejemplo, una cláusula que diga “ninguna de las partes podrá reclamar compensación alguna en el divorcio” es válida siempre que no vulnere derechos mínimos ni suponga un desequilibrio manifiesto.
Se puede prever que la liquidación del patrimonio común se realice en un momento posterior al divorcio, mediante acuerdo o procedimiento separado. Esto permite que, llegado el momento, ambas partes dispongan de mayor margen para negociar.
Otras cláusulas pueden activarse solo en efectos concretos si ocurren ciertos hechos (por ejemplo: cambio de residencia internacional o disolución de empresas), para que el reparto patrimonial se ajuste a esas circunstancias.
Estas cláusulas, bien redactadas, funcionan como una “hoja de ruta” clara en caso de conflicto, disminuye la incertidumbre, las disputas y las revisiones judiciales extensas.
Comunicación y transparencia como mediación preventiva
Aun con pactos y estructuras bien concebidas, los conflictos patrimoniales en divorcio muchas veces nacen de la falta de comunicación, la desconfianza o las sorpresas financieras. Aunque no siempre resulte cómodo, mantener una comunicación abierta sobre inversiones, deudas, ingresos imprevistos, empresas, participaciones o herencias mejora que ambas partes sepan “dónde están los riesgos” y evita acusaciones de ocultación.
Encargar una auditoría o valoración patrimonial con perito independiente cada ciertos años, puede garantizar que ambas partes dispongan de una fotografía clara del patrimonio conjunto y evitar sorpresas posteriores. Antes de que surja un conflicto formal, puede pactarse un procedimiento de mediación obligatoria interna o un árbitro de confianza para solventar desacuerdos menores. Este mecanismo preventivo permite resolver diferencias sin acudir directamente a juicio.
Prevenir los conflictos patrimoniales en el divorcio no es una tarea trivial, especialmente para personas con patrimonios complejos o empresas familiares. Elegir un régimen adecuado, documentar de forma adecuada las operaciones patrimoniales, prever cláusulas expresas y mantener transparencia son pilares sólidos. Si valoras que tu patrimonio (y el de tu familia) esté protegido ante cualquier contingencia, lo más recomendable es no dejar este tipo de decisiones al azar ni improvisar en el momento del divorcio.
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